El uno de mayo fue un día muy especial. Hizo buen tiempo (aunque dentro de la bolera no lo apreciamos), tuvimos buen viaje (los niños se lo pasaron bien tanto dentro de los coches, con los inevitables cambios de vehículo, como en las dos paradas que hicimos mitad de camino entre Valencia y Madrid) y tuvimos un gran torneo.
Yo me ocupé de controlar las pistas de los mayores (chicos de 14 a 18 años) y disfruté muchísimo. Hubo un par de errores en las pantallas que ellos mismos solucionaron sin necesidad de acudir a control, de forma que me limité a anotar los resultados de las cuatro primeras partidas y a gozar del espectáculo. De reojo iba mirando a las chicas (¡qué nivel!), sufría un poco cuando tiraba Aurora (cosas de madre) y me paseé un par de veces por los pequeños para alucinar con algunos de los resultados.
El club obtuvo premios, los promedios subieron en general y la sensación que a mí me queda de ese día es de plena satisfacción. Satisfacción por haber visto el alto nivel que tienen los niños y jóvenes fuera de Valencia, satisfacción de ver el comportamiento que tuvieron todos en las pistas (hubo excepciones en algún jugador pero no empañaron en absoluto el proceder general), satisfacción de ver los resultados de los entrenamientos y de las horas calladas en la bolera, satisfacción de ver el correcto comportamiento de los acompañantes (fuera de las pistas sin invadir el espacio de los jugadores, aplaudiendo en las buenas jugadas, animando a Gabriel, haciendo fotos, videos..)…
En este artículo me toca dar las gracias a TODOS los que hicisteis que viera muchas caras de felicidad (y no solo en mi hija).
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